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II República y guerra civil en ebook

La verdad es que siempre ando quejándome del poco fondo que las editoriales españolas van sacando en libro electrónico. Aunque la literatura sobre la II República y la guerra civil no es una excepción a ese respecto, parece que ya vamos teniendo algunas cosas de suficiente interés. Dedicaré esta entrada al blog para referirme a algunas.

En primer lugar no me queda más remedio que hablar de Paul Preston, del que tenemos ocho de sus mejores obras disponibles en formato electrónico: “El holocausto español”, “Franco”, “La guerra civil española”, “Idealistas bajo las balas”, “Juan Carlos”, “La República asediada”, “Las tres Españas del 36″ y “Palomas de guerra”, como puede verse, un representativo conjunto de títulos del que puede considerarse uno de los más importantes especialistas actuales en la época.

De Santos Juliá, otro de los grandes especialistas españoles, también tenemos una pequeña representación que todavía no es muy abundante en relación con su extensa obra, pero que esperamos que lo sea pronto: “Los socialistas en la política española (1879-1982)”, “Historias de las dos España” y su excelente biografía del que fuera presidente de la II República, “Vida y tiempo de Manuel Azaña”.

Entre las obras de los grandes historiadores tampoco podemos olvidar la reciente “La conspiración del general Franco” de Ángel Viñas, “La perfidia de Albión” de Enrique Moradiellos o “¿Por qué la República perdió la guerra?” o “La Europa revolucionaria” de Payne.

También tenemos una nutrida representación de los testimonialistas de la época. Son de mencionar el excelente “Antes que sea tarde” de Carmen Parga, “Casi unas memorias” de Dionisio Ridruejo, “Caminos inversos” de Rafael Méndez o “Las causas de la derrota de la República española” de Stepanov, el que fuera representante de la Komintern en España.

Las obras noveladas no se quedan atrás. Entre ellas contamos con “Últimos días de agosto· de Fernando Maura, “Madrid (julio de 1936)” y “Ocurrió en tierra de castillos”  de Julián Henríquez Caubín.

Y un nutrido etcétera adicional de obras de distinto tipo que harán, desde luego, que el estudioso de esta época histórica no se quede sin material con qué alimentar su dispositivo.

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Carlos García Fermín, un tipo curioso

La nómina de personajes curiosos de nuestra guerra civil no tiene fin. Y si queremos apurarla, el Archivo Histórico del PCE es una fuente inagotable de sabiduría. Hoy voy a comentar aquí algunas cosas de Carlos García Fermín que fuera Comisario Político de la 31 Brigada y más tarde de la 3ª División. Militante del Partido Comunista comenzó, como tantos otros, su participación militar en las MAOC y desde ellas a las milicias del 5º Regimiento que defendieron la sierra de Madrid del ataque de los hombres de Mola que pretendieron tomar la capital en los primeros días de la guerra y que fueron detenidos en la sierra por aquellas inexpertas milicias.

Poco conoceríamos de Carlos Garcia Fermín si no fuera por la obra de Manuel Tagüeña, Testimonio de dos guerras, donde, lógicamente, al ser uno de sus oficiales importantes, Carlos aparece mencionado. Tagüeña es bastante neutro al referirse a García Fermín, prácticamente no usa ningún apelativo que denotara si lo apreciaba o lo odiaba, si se trataba de un buen o un mal combatiente, etc.

Carlos García Fermín

Carlos García Fermín, tal como aparece en el boletín
Independencia, órgano del XV Cuerpo de Ejército

Sin embargo, el lugar donde podemos encontrar mucho más acerca de la vida de este comisario es en los informes que sobre su actividad en la guerra escribió para el Partido Comunista y que se encuentran depositados en el Archivo Histórico de dicha organización (Tesis, volumen 38). El más relevante, desde mi punto de vista, y el de más amplitud es el que dedica a describir la actuación de la 31 Brigada Mixta durante toda la guerra.

Carlos fue el comisario de esta Brigada casi desde su formación a principios de enero de 1937 y lo fue hasta que fue nombrado comisario de la 3ª División el 16 de abril de 1938, durante el proceso de formación del Ejército del Ebro que se produce tras la batalla de Aragón y la reorganización del Ejército Popular realizado tras la misma. Tras la finalización de la guerra, termina recalando en la Unión Soviética y allí participa en las acciones guerrilleras en las que la NKVD encuadró a algunos refugiados españoles en su lucha contra los nazis. Nada más sabemos de él desde entonces, ni siquiera se conoce la fecha en la que redacta sus informes para el PCE. Aunque he intentado localizar a su familia o algún otro testimonio que pudiera encontrar sobre el mismo, reconozco que no lo he conseguido.

Lo que nos deja escrito son unas pocas decenas de páginas mecanografiadas que resultan bastante interesantes, sobre todo porque en ellas no deja títere con cabeza. Sus críticas se ceban en Cacho, el primer comandante de la brigada, en el Campesino, junto al que combate en Las Rozas, en el mayor Esteban Cabezos, jefe de la 3ª División, mientras él es comisario y, sobre todo, en Manuel Tagüeña sobre el que no se ahorra apelativos de toda índole: arribista, cruel, carnicero, insensible, etc. Esto es quizá lo que más destaca de su informe, ya que su visión del que fuera teniente coronel jefe del XV Cuerpo de Ejército contrasta con cualquier otro testimonio de los que sobre el mismo se han escrito. Narra García Fermín un episodio que se produce al fnal de la batalla de Cataluña, en los días previos al cruce de la frontera francesa de las unidades de Tagüeña. Aunque sin precisar con exactitud la fecha, durante estos días se emite por parte del Ejército del Ebro la orden de detención, para ser sometidos a juicio sumarísimo por abandono de la posición, del jefe de la 33 Brigada, mayor Fidel Ruiz y de su comisario Ángel Gimeno, del comisario de la 31 Brigada, Mariano García y del jefe de la 60 Brigada, mayor José García Acevedo. Tagüeña ordena la ejecución de dicha orden. Mariano García se evade y cruza la frontera antes que las tropas de su Brigada y por eso salvó la vida. No hay constancia de lo que sucedió con el jefe de la 60 Brigada, pero el jefe y el comisario de la 33 Brigada, Fidel Ruiz y Ángel Gimeno fueron fusilados por hombres del batallón de ametralladoras de Tagüeña, todo esto por supuesto según la narración de García Fermín.

Por más que he intentado buscar otras informaciones que sirvieran para contrastar estas aseveraciones no he podido encontrarlas. Solo hay algunas menciones en abstracto, sin nombres concretos, por parte del historiador inglés Michael Alpert sobre órdenes de fusilamiento emitidas por Tagüeña.

El caso es que el amigo Carlos García Fermín resulta bastante poco fiable en la información que vuelca en sus informes. Confunde fechas y lugares de forma sistemática, coloca la batalla de Brunete mucho antes de su ejecución real, en la ofensiva del Ebro confunde la maniobra de Villalba de los Arcos con la de Gandesa y otra buena serie de situaciones que pudieran parecer lógicas contando con que dichos informes quizá fueran escritos allá por los años sesenta o setenta cuando ya habían transcurrido muchos desde la fecha real en que acaecieron los hechos.

No deja también de ser curioso el tono chulesco que emplea nuestro personaje en algunas de sus frases. En su escrito podemos leer cosas como “Algunos de los ‘civileros’ más destacados por el odio popular fueron más tarde ‘escabechados’ como se merecían”, o también “Nuestro repliegue barcelonés fue marcado por un feliz hecho que costó a la quinta columna algunas decenas de muertos y heridos. Una sección de carros blindados que nos fue agregada a la división casualmente se encontró con un tropel de gente que vitoreaban a Franco y a Falange y que confundieron a los carros blindados republicanos con blindados de reconocimiento franquista y que ellos creían que precedían a las columnas victoriosas del ‘caudillo’. El teniente que mandaba los blindados se dio perfecta cuenta de lo que sucedía y ordó (sic) hacer fuego sobre aquella muchedumbre vociferante. Las ametralladoras de los blindados abrieron un fuego a bocajarro que hizo carne en aquella gentuza y continuó tranquilamente su camino”. Pocas narraciones de matanzas sobre civiles en una guerra podremos escuchar con la crudeza de esta que tranquilamente nos cuenta nuestro amigo Carlos García Fermín.

Este tipo de cosas son las que hacen de García Fermín, un tipo curioso y uno más en la nómina de impresentables en los dos bandos que lucharon en nuestra contienda. No obstante, tendremos que seguir trabajando para validar algunos de los datos que aporta en sus narraciones.

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Risa y subversión

Que la risa es revolucionaria, subversiva, que nos libera de prejuicios y nos saca del orden social establecido, parece algo conocido desde la más remota antigüedad. Así, al menos, nos lo cuenta Umberto Ecco en “El nombre de la rosa”, haciendo referencia al libro segundo de la “Poética” de Aristóteles, que trata sobre la risa y el humor. En la obra de Ecco, tratar de acabar con la risa será el objetivo de un viejo monje español, Jorge de Burgos y todo ello dará lugar a un entramado de crímenes que, bien llevado a cabo por el autor italiano, dará pie a una de las novelas históricas de intriga más brillantes del fin de siglo pasado.

Pero, se preguntará el lector, qué tiene que ver esto con un blog donde habitualmente se habla de temas que tienen que ver con la guerra civil, sus protagonistas y la memoria y olvido de todo lo que alrededor de la misma aconteció. Paciencia, que pronto lo sabremos.

El asunto es que existe un hecho acaecido en Moscú, una vez liberada la capital de la URSS y a punto de finalizar la segunda guerra mundial, que siempre me ha recordado a la célebre novela de Umberto Ecco y ese es el que voy a reseñar aquí. La fuente del mismo se encuentra en las actas de las reuniones del Comité Central del Partido Comunista del 5 de mayo de 1944 y de la que, como continuación de la misma, celebra Ignacio Gallego, con los influyentes militares comunistas españoles que se desempeñaban en las academias Frunze y Vorochilov del ejército soviético, aquel poderoso ejército que en ese momento perseguía  a los nazis para terminar de aplastarlos en Berlín. Ambas actas pueden encontrarse en el Archivo Histórico del PCE en AHPCE, Exilio, Carpeta 25.

Ambas reuniones se inscriben en el proceso de sucesión del recientemente fallecido secretario general del partido, José Díaz. Las facciones de Pasionaria y de Jesús Hernández han establecido una fuerte pugna por la sucesión y la primera ha ganado ya francamente la batalla. En dicho contexto, los seguidores de Hernández son vituperados y apartados de la dirección del partido. Aclaremos que en aquella época el partido era casa, escuela, religión, sustento… y ser aparatado del mismo venía a suponer casi la muerte en vida, el ser borrado del libro de los nacidos, de los fieles a la sagrada causa que el padrecito Stalin lideraba en el mundo. Y resulta que en dicho contexto, existían dos mujeres que públicamente hacían alarde de su desfachatez contando chistes antisoviético. Una es Caridad Mercader, la madre de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, gloria de la Unión Soviética pero bastante crítica con la situación del país. La otra es Carmen Parga, una vieja conocida de los lectores de este blog o de otras historias mías. Carmen es la esposa de Manuel Tagüeña, teniente coronel del Ejército Popular de la República Española,  profesor de la Academia Frunze y, durante un corto periodo, jefe de estado mayor de una división soviética en la retaguardia. En resumen, un tipo importante, dentro de los miembros del partido en ese momento.

Ante el hecho del debate entre los seguidores de Pasionaria y de Hernández, todo el mundo ha de tomar partido. El summun del peloteo se lo lleva Stepanov (el viejo representante en España de la Komintern) que confiesa “Yo puedo conocer Chino,filosofía… pero soy un enano y Dolores un gigante”. Pero el asunto del humor comienza con Líster, otro de los miembros del Cómite Central, que se sabe muy amenazado por su antigua fidelidad con Hernández. Líster atacará directamente la práctica subversiva de aquel par de chistosas antisoviéticas, “hemos cortado, en todos los lugares, toda clase de chismes y conversaciones, lo que nos ha valido a nosotros también pasar a la categoría de ‘lacayos’. En nuestra cara nos lo han dicho. Y para que os agarréis. Nos lo han dicho dos mujeres, con el mismo lenguaje y con la misma ligazón a la misma persona [Enrique Castro, otro de los purgados con Hernández]. La Mercader y la mujer de Tagüeña”. El miedo que les da a estos sesudos caballeros el hecho de que dos jocosas damas pongan en tela de juicio la realidad del PCE en el exilio y de la misma URSS, hace que la argumentación termine con la sentencia de Pasionaria: “En relación a los chistes… Hay que terminar con estos procedimientos. Yo pido a los compañeros que tengan firmeza suficiente para cuando salen chistes, ironías y frases mordaces, cortarlas sin vacilación”. Tagüeña se verá precisado, pues, a pedri a su mujer que se modere en su afán chistoso.

Impresionante. El partido que más ha luchado contra el golpe militar en España, el que más muertos ha dejado en el campo de batalla, durante su exilio en la URSS se ha convertido en una maquinaria burocrática que persigue de forma singular la disidencia. Y Pasionaria, al igual que el viejo monje español de la novela de Ecco, prohíbe la risa.

Y es que amigos, la risa es liberadora. Cuando muchos me preguntan cómo puedo el pueblo español soportar los largos cuarenta años de la dictadura franquista, siempre contesto lo mismo, que por la risa. Porque los españoles, en los bares, en las calles, cuando se reunían en corrillos de amigos íntimos, se reían de Franco de la Falange y del arzobispo de Mondoñedo si era necesario. Con la risa pasaban mejor el hambre y las privaciones y cada vez que zaherían al dictador o a sus apoyos se sentían liberados de la mierda cotidiana en la que habían de vivir.

Yo no soy especialmente sarcástico, pero reconozco que descojonarme de alguna que otra actitud que veo a mi alrededor es lo único que me ayuda a no cortarme las venas cada día.

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La indignidad del vencedor

Hay muchas fotografías de la guerra civil que representan hechos, sentimientos o sensaciones de aquella gran tragedia nacional. Pero para mí hay pocas como esta que podemos ver a continuación.

Perico Chicote sirviendo un cocktail a Ríos Capapé en la Madrid sitiada

En la fotografía vemos al inefable barman Perico Chicote sirviendo un cocktail al coronel Ríos Capapé, uno de los jefes de unidad del ejército nacional. La foto está realizada durante el sitio de Madrid y las ruinas que vemos por detrás son las de la Escuela de Arquitectura de la Ciudad Universitaria.

Para mí la fotografía representa como pocas la dialéctica entre vencedores y vencidos, entre triunfadores y aplastados. Mientras una ciudad (Madrid) sufre uno de los sitios más terribles de la historia bélica del siglo XX, uno de los militares sitiadores toma relajadamente un cocktail. Seguramente mientras lo hacía, las baterías nacionales estarían distribuyendo obuses contra Moncloa o, quizá, los modernos aviones italianos que servían a las órdenes de Franco estuvieran bombardeando la Gran Vía. Sin embargo, un pulcro Perico Chicote, con su flamante chaquetilla de barman y con la raya de su pantalón perfectamente planchada, le sirve la bebida a un relajado coronel y a su fotógrafo de cámara.

Y no es que con esto quiera yo remarcar la maldad del ejército nacional frente al republicano. Podemos hallar fotos similares en el otro lado. Recuerdo, por ejemplo (aunque ahora no la he encontrado para ponerla aquí) una de Líster sirviendo bebidas en pulcras copas de cristal a un conjunto periodistas que visitaban uno de sus puestos de mando durante la batalla del Ebro.

Lo que me gustaría resaltar aquí es precisamente la indignidad de las guerras y la radical diferencia entre quienes no las sufren, y quizás las provocan, y quienes soportan las más tensas situaciones con las que el ser humano pueda enfrentarse. Y me pregunto, no puedo dejar de hacerlo, si barman y coronel dormirían esa noche tranquilos, sosegados por el alcohol de la bebida mientras cientos de personas lloraban a sus muertos, a su casas perdidas, destrozadas por las bombas; mientras la mayor parte de los ciudadanos de Madrid pasaban hambre y necesidades, durmiendo en los improvisados refugios del metro.

La condición humana es lo peor que existe sobre la faz del universo.

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80 años de la proclamación de la Segunda República

Ayer fue un día duro de trabajo, como casi todos. A las seis de la mañana en pie y vuelta a casa a eso de las diez de la noche tras haber comido solo un sandwich con prisa. Mucho trabajo, demasiado, pero hay que seguir adelante, no estamos para quejarnos en una época como ésta donde precisamente el trabajo es un bien bastante escaso. En fin, a lo que iba. Varias veces a lo largo del día me acordé que era 14 de abril, o lo que es lo mismo, el 80 aniversario de la proclamación de la Segunda República. Pero apenas si tuve tiempo de pensar en ello a lo largo del día. Sin embargo, a eso de las nueve y media de la noche cuando salí de la oficina para volver a casa en el coche, la idea volvió a mi cabeza. Y no se me ocurrió nada mejor para celebrar la efeméride que poner en el MP3 el Himno de Riego. Y conforme lo oía, con emoción, como siempre lo hago, pensé, “¡y quién cojones sabe hoy qué es esto del Himno de Riego! Si ahora mismo parara el coche y me pusiera a preguntar a la gente seguro que nadie, absolutamente nadie sería capaz de identificar al que fue himno nacional durante aquel excepcional periodo de la historia de nuestro país”.

Y, por otro lado, me preguntaba, “¿y qué falta nos hace? No es mejor olvidar aquella infausta historia a consecuencia de la cual media España se mató con la otra media”. En fin, ¡cuantas ideas contradictorias! No se puede negar que el periodo republicano se enmarcó en una época donde las ansias de reforma de muchas personas confluyeron en un proyecto que puede considerarse como el primer gran proyecto de profundización democrática en nuestro país. Y lo digo casi sin distinción de bandos. Muchos partieron de la situación de injusticia que se vivía para pensar que se podían aplicar medidas transformadoras que nos condujeran a un futuro mejor. Cómo comparar aquella gente y aquella época con nuestra adocenada situación actual en la que lo máximo que aspiramos a cambiar es el canal de la tele mientras dormitamos frente a ella casi sin fijarnos en lo que dice. Nuestra generación solo piensa en lo inmediato, pero pocos se interesan por nuestro futuro como colectividad, por nuestra evolución como país, por profundizar en los sistemas democráticos que regulan nuestras reglas del juego. En esto nos diferenciamos fuertemente de nuestros padres o abuelos que sí soñaron una España diferente e intentaron llevarla a cabo. Nosotros, si la soñamos en la época del fin de la dictadura y la transición, ya nos hemos olvidado de ello.

Sin embargo, también meditaba (el Himno de Riego da para mucho) en que aquellas ansias transformadoras hicieron chocar de modo frontal a dos puntos de vista enfrentados que terminaron en la matanza de la guerra civil. No supo aquella generación cambiar el país de forma consensuada y, por tanto, los resultados fueron los que fueron. Y, por supuesto, ni de lejos pretendo con esto justificar el alzamiento militar, tengo claro que los generales golpistas fueron claramente los culpables de la situación y los que, tras terminar el conflicto siguieron fusilando de modo inmisericorde a decenas de miles de españoles solo por haber militado en organizaciones de izquierda o simplemente democráticas. En este sentido, me dije a mí mismo, “olvidada y bien olvidada quede”.

Aunque, desde luego, seguiré escuchando, año tras años, con emoción aquel Himno de Riego que representaba las ansias transformadoras de los sectores más progresistas de la sociedad española, con las que, desde luego, me siento identificado. Aunque ya nadie lo recuerde ni le importe lo que representó. Al fin y al cabo este blog se llama “De memoria y olvido”

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La 16ª División y el cerco a Gandesa

Tres días antes de su muerte, el 29 de mayo de 1971, Manuel Tagüeña escribe una carta al historiador inglés Michael Alpert, con el que lleva teniendo una nutrida correspondencia en los últimos meses. Dicha correspondencia no ha sido lo suficientemente fluida debido a que el teniente coronel republicano se encuentra gravemente enfermo. Hace unos meses que se le ha diagnosticado un cáncer de páncreas y en esos momentos se encuentra ingresado en el hospital y, sin duda, él ya sabe (recordemos que en Checoslovaquia realizó estudios de medicina) que está viviendo los últimos días de su vida. A Alpert le indica que tarda en contestarle porque “no solo no me he ido reponiendo sino todo lo contrario”.

Alpert es en esos momentos un doctorando de Hugh Thomas y está trabajando en su tesis doctoral sobre el Ejército Popular de la República. Desde el 16 de octubre de 1970 está intercambiando correspondencia con Tagüeña. En ella han hablado de lo divino y de lo humano, del paso de las milicias al Ejército Popular, del rol de los militares profesionales, del paso del Ebro, de las deserciones… En esta última carta que cruzan, Alpert le pregunta a Tagüeña sobre el libro de Henríquez Caubín en referencia a la actuación de la 35ª División en la Batalla del Ebro. Tagüeña, acopia sus últimas fuerzas para contestarle. Su hija Carmen confiesa que le servía de mecanógrafa en aquellos difíciles días.

Uno de los temas abordados son las discrepancias mantenidas con Líster y con Rojo respecto al modo de conducción de la ofensiva del Ebro en julio de 1938. Desde su punto de vista, Gandesa no llegó a tomarse por las fuerzas republicanas debido a tres cuestiones, de las cuales dos fueron importantes fallos tácticos del mando republicano, uno de ellos tenía que ver con que los hombres de Líster, en lugar de apoyar la ofensiva de los de Tagüeña para tomar aquel importante nudo de comunicaciones, se perdieron por la sierra de Pandols, el otro deriva de la anulación que hace Rojo de la orden de Tagüeña para que su 16ª División cruce el río esa misma noche a fin de entrar en combate entre la 3ª y la 35ª envolviendo Gandesa por el noroeste. Como en tantas otras ocasiones Rojo no quiere emplear todas sus reservas y eso le lleva a que el ataque por sorpresa no logre la totalidad de los objetivos deseados. El día siguiente Rojo permitirá ya el paso, pero es demasiado tarde, las tropas de Franco han abierto las presas de Tremp y Camarasa y el paso por el río desbordado resulta inviable, ya que se han destrozado los medios de paso. Habrá que esperar a que baje la crecida para volver a intentarlo. Eso será ya el 28 de julio. Cuando la 16ª División llega al teatro de operaciones es demasiado tarde. Franco ha llevado sus reservas a Gandesa y la defensa es ardua. Ya nunca se logrará tomar la población y, por tanto, el camino a Zaragoza queda vedado para las tropas republicanas. Serán los franquistas quienes les obliguen tras tres meses de durísimos combates a repasar el Ebro iniciándose así el principio del fin de la contienda.

En la carta, a punto de morir, Tagüeña expone su punto de vista sin acritud, casi con ironía. Pero no es la primera vez que habla del tema. Justo, treinta años antes, en mayo de 1941, mientras se encontraba en la Academia Frunze de Moscú, realizó un trabajo denominado El XV Cuerpo de Ejército Republicano en la batalla del Ebro. Cuando en dicho trabajo trata de analizar los fallos tácticos del mando del EPR dirá “Un gran error que luego hubo de pagar bien caro el mando republicano, fuer que al anochecer del día 25 no iniciase el paso la 16 D-on, personalmente el general Rojo, jefe del E.M.C suspendió, por encima del Jefe del Ejército del Ebro, la orden que el jefe del XV Cuerpo había dado en este sentido.”

No será tampoco ese el único punto en que Tagüeña aborde el asunto. Entre la fecha de la Frunze y la de la carta a Alpert, lo mencionará también en su monumental Testimonio de dos guerras, escrito en los años sesenta en México aunque aún inédito en esos días previos a su muerte. Allí dirá: “En ese momento llegaron a visitarme el general Rojo y el teniente coronel Modesto; el primero, sin vacilación alguna, anuló mis órdenes, que consideraba prematuras, y tuve que limitarme a que la 16ª División se concentrara por la noche en la zona de Torre del Español, donde había estado la 35ª. No cabe duda que Rojo tenía razones poderosas para revocar mi decisión, que estaban fundamentadas más en los deseos de avanzar, que en informes completos de la situación, pero los hechos demostraron que a pesar de los riesgos indudables que entrañaba, hubiera sido absolutamente necesario que el resto del cuerpo pasara a la otra orilla dicha noche” (Testimonio de dos guerras, pp. 218-219, edición de Planeta, 2005).

Tagüeña morirá el 1 de junio de 1971 a las 18:30 de la tarde. Rojo había muerto cinco años atrás. Ambos eran dos de los militares más competentes del Ejército Republicano, sin embargo en este punto mantuvieron una importante discrepancia táctica. Con el paso de los años, y sin que la historia ficción se encuentre entre las debilidades de este bloguero, no nos queda más remedio que preguntarnos, ¿qué hubiera pasado si la 16ª División hubiera cruzado el río y apoyado a la 35ª, según los planes de Tagüeña. ¿Se habría tomado la población? ¿Habría cambiado aquello los designios de la batalla del Ebro? Quién sabe, las cosas pasan como pasan y de poco sirve preguntarnos sobre lo que habría sucedido si los hechos hubieran sido otros.

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De memoria y olvido

Boletín

La última y lamentable guerra civil que enfrentó a los españoles sigue despertando, como lo ha hecho desde su conclusión innúmeras polémicas. Entre ellas no es la menor la que ahora se se desencadenado acerca de la Ley de la Memoria Histórica aprobada en la legislatura de 2004.

En este blog trataré de aportar mi punto de vista alrededor de estos temas, de la guerra, de su memoria y de su más que deseable olvido. Memoria y olvido, dos conceptos de clara aplicación respecto al fenómeno de la misma y que se están usando por parte de unos y de otros como armas arrojadizas, siendo categorías sobre las que conviene indagar sin dogmatismos, desde una perspectiva, por un lado historiográfica y, por otro, política. Explicarnos las cosas, guardar memoria histórica de las mismas para garantizar que el olvidamos aquellas facetas que tanto nos perjudicaron en su momento como pueblo.

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Épica y lírica en Villalba de los Arcos

Villalba de los Arcos es en precioso pueblo catalán situado en Tarragona, en la comarca de la Terra Alta, a unos pocos kilómetros de distancia de la curva que el Ebro realiza sobre Flix y Ribarroja. Desde la altura donde se encuentra la iglesia medieval de dicha población se divisa todo el valle, con el vértice Gaeta, en el centro a lo lejos algo a la izquierda, y un poco más cercano el cruce de Quatre Camins donde se juntan las carreteras que vienen de La Fatarella por la izquierda, Gandesa por la derecha y Corbera por el Centro. Más abajo, el cruce de Les Camposines en un vértice del triángulo equilátero que forma con los otros dos, posicionados en La Fatarella y Villalba.

Cuando el ejército republicano cruzó el Ebro aquella épica noche del 25 de julio de 1938, una de las misiones de la 3ª División republicana, perteneciente al XIV Cuerpo de Ejército de Tagueña, era tomar Villalba de los Arcos; lugar que, junto con Gandesa (que debería ser tomada por la 35ª División), les proporcionaría los puntos de contacto necesarios como para avanzar en dirección a Zaragoza recuperando nudos de comunicaciones esenciales para volver a unir lo que unos meses atrás, el 15 de abril de ese mismo año, viernes santo para más señas, los requetés navarros habían roto asomándose al mar Mediterráneo en Vinaroz y partiendo en dos la España leal a la República.

A pesar del arrollador cruce del río y el empuje con que las tropas franquistas fueron sorprendidas, las 3ª y 35ª divisiones republicanas tomaron dos vértices del triángulo, La Fatarella y el cruce de Camposines, pero no consiguieron conquistar Villalba de los Arcos. En la zona se peleó denodadamente por parte de ambos bandos. Primero, en los últimos días de julio, cuando los republicanos intentaron tomar la población y no lo lograron y más tarde en la defensa de la primera contraofensiva franquista. Ya desde la tarde del 25 de julio muchos de los soldados nacionales que ha recibido orden de retirarse hacia Villalba comienzan allí a atrincherarse; de la defensa se ocupará fundamentalmente la 18ª bandera de la Legión que esa misma noche duerme en las aceras de la calle Mayor de la bella población. Durante esos días se producen fortísimos combates entre los defensores franquistas y los atacantes republicanos pero el máximo lugar al que estos últimos llegan es el cementerio de la población, de donde más tarde serán expulsados. Finalmente el frente queda relativamente estabilizado en una línea a pocos kilómetros de Villalba que unía la denominada posición Targa (frente al citado cruce de Quatre Camins) con el vértice Gaeta. Estos puntos serán los elegidos por Franco parta realizar sus primeras contraofensivas. Los hombres de Tagüeña sufren en la zona feroces bombardeos que no logran fácilmente expulsarlos de sus posiciones.

Todos estos lugares y situaciones forman parte de una especie de sustrato de mi personalidad donde se mezcla lo épico con lo lírico. Todas las guerras son crueles y nada de poesía hay en las mismas, sin embargo, quizá porque mi padre, un escuálido chaval de 26 años, estuviera allí con los hombres de la 31 Brigada Mixta, quizá por esos sonoros nombres del catalán con los que se cubre la zona, el Bosquet de la Llobeta, el Prat de Gardell, el Faristol, el Camí de Capsades.., lo cierto es que toda la zona y todos los hechos mi cabeza los recubre con esa pátina lírica que les resta veracidad y los pone delante de nosotros recubiertos de un brillo tan encantador como engañoso. Lo cierto es que, sin juicios de valor, allí se produjeron algunas aciones heroicas a la vez que sangrientas. Acciones de esas a las que tan asiduos éramos (¿lo somos aún?) los españoles. Quizá como prototipo de las mismas, deba reseñarse el singular duelo que en el cruce de Quatre Camins sostuvieron los hombres de la 31ª Brigada Mixta republicana con los requetés del Tercio de Montserrat nacional. Los republicanos estaban situados en un pequeño alto del terreno denominado Punta Targa. Este era uno de los bastiones que se mantuvieron frente a Villalba tras los primeros combates que no lograron reducir a los defensores de la población. El 19 de agosto, los hombres del Tercio de Montserrat, se ubican frente a dicha posición, un poco atrás del cruce de Quatre Camins, a escasos 300 metros de los republicanos. Los requetés catalanes reciben la orden de tomar la posición al asalto con la bayoneta calada. Siempre me he preguntado qué piensa un hombre cuando tiene que realizar acciones como esta, cuando se encuentra tumbado en el suelo, tiene que sacar la bayoneta de su cinturón, calarla en el fusil y esperar la orden del oficial para levantarse resuelto y, frente a los disparos del enemigo, avanzar para arrollar al mismo. ¿Hay algo más alejado de la naturaleza humana que este tipo de actos? Y, sin embargo, no podemos dejar de valorar a esos hombres que, jugándose la vida, los realizan. Los requetés aquel día se vieron abandonados por sus compañeros de los batallones Ceuta y Bailén, que nos les apoyaron en la carga y dejaron muertos sobre el terreno un 20% de sus hombres. Agazapados en el suelo, sin poder levantarse por miedo a las armas automáticas de los republicanos, los requetés oyeron cuando caía la noche la voz del jefe de las fuerzas republicanas que les garantizaba que no les dispararían mientras recogían a sus muertos. He ahí la lírica y el ser humano que surge en lo más terrible de las circunstancias. Los diezmados requetés catalanes pasaron a la reserva y quedó en manos de los batallones inactivos del día anterior, Ceuta y Bailén, la toma de la posición republicana que cayó a las 14 horas del 20 de agosto, aunque la mayor parte de sus hombres pudieron ser evacuados por un camino de evacuación.

Me consta que uno de esos viejos requetés hace poco tiempo se encontró en la zona con la hija del Teniente Coronel Tagüeña, jefe de las fuerzas republicanas y ambos se abrazaron sin rencor ninguno, reconociendo cada uno la heroicidad y los motivos del otro para estar donde cada uno estaba en su momento. Épica y lírica de nuevo. “Paz, piedad y perdón”, que decía don Manuel Azaña.

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Septiembre de 1936, un mes clave

Existe la costumbre de considerar a la guerra civil española como un todo en sí misma, de forma que cualquier apelativo se lo imputamos a su conjunto sin distinguir entre sus distintos momentos temporales o, incluso, dentro de cada bando, a cada una de las facciones en que se dividían las dos grandes fuerza en lucha. Aplicando esta óptica, resulta, por ejemplo que las matanzas en ambas zonas se producen por igual durante toda la contienda, las milicias armadas se enfrentan a un ejército regular organizado, Franco es el líder indiscutible del alzamiento, y así un largo etcétera de inexactitudes.

Trabajando contra ese modo de hacer las cosas, me gustaría analizar lo que está pasando en España durante el mes de septiembre de 1936 para tratar de demostrar que en ese momento se produce un punto de inflexión en lo que está sucediendo, de forma que, en ambos bandos, puede hablarse de un antes y un después con referencia a esa fecha.

Analicemos los hechos y la cronología de los mismos. Hasta septiembre del 36 lo que ha se ha dado es el fracaso de lo que se pretendía un golpe militar rápido para hacerse con el poder en el país. Debido a múltiples avatares por todos conocidos, las fuerzas populares controlan la mayoría de las grandes ciudades mientras el golpe militar triunfa en una buena parte de las zonas rurales así como las provincias más conservadoras del país. España queda partida en dos y una violencia salvaje, por parte de ambos bandos, la recorre como si de un fuego incontrolado se tratase. En la zona republicana, el gobierno de Giral no ha conseguido hacerse con las riendas del poder, el Estado prácticamente ha desaparecido y las organizaciones populares han impuesto su ley a sangre y fuego. El odio al rol de la iglesia hace que las matanzas de religiosos se expandan como la pólvora. El cénit de esta situación podemos encontrarlo en la matanza de la cárcel Modelo de Madrid, donde desde el 21 de agosto un conjunto de milicianos anarquistas incontrolados matan de modo inmisericorde a los presos que allí se encontraban, la mayor parte de ellos con la sola acusación de pertenecer a organizaciones de derechas o, simplemente, de ser simpatizantes de los sublevados. Entre otros muchos allí mueren políticos reformistas españoles como Melquiades Álvarez o literatos como Pedro Muñoz Seca. En el otro lado, el ejército de África ha conseguido ya romper el cerco que la marina republicana imponía al estrecho de Gibraltar y, con la ayuda de aviones italianos, legionarios, regulares y mercenarios marroquíes, reclutados por decenas de miles, han logrado pasar al territorio peninsular y, al mando del coronel Yagüe, avanzan de forma imparable por la parte suroeste de la península, desde Cádiz hasta Madrid. A su paso se producen la desolación y las matanzas, entre ellas la más conocida de la toma de Badajoz, donde de modo salvaje y aplaudidos por la población derechista local, los militares del ejército de África liquidan en la plaza de toros a centenares de milicianos y a otras personas cuyo único delito era el de pertenecer a alguna organización de las que formaban el Frente Popular. Y no faltaron tampoco los asesinatos selectivos de intelectuales, como el de Federico Garcia Lorca en su Granada natal o el de una elevada cifra cargos públicos republicanos, alcaldes, militares, gobernadores civiles, diputados, etc. asesinados de modo inmisericorde conforme la columna de Yagüe avanzaba por tierras andaluzas o extremeñas.

Septiembre será un mes decisivo en la evolución que los acontecimientos tomarán. A lo largo del mismo sucederán cosas que cambiarán ese primer panorama o, al menos, comenzarán a cambiarlo.

El 3 de septiembre la columna de Yagüe toma Talavera de la Reina. El ejército de África está ya mirando hacia Madrid y las milicias populares se han mostrado incapaces de defender el terreno. No ha sucedido lo mismo al norte de la capital donde los requetés y otras fuerzas enviadas por Mola han sido detenidos por los milicianos enviados desde Madrid. Quizá lo arriscado del terreno, quizá la mayor combatividad de los madrileños, empleados y obreros industriales más o menos bien organizados, frente a los jornaleros andaluces o extremeños, quizá la fuerte implicación de los comunistas a través de su Quinto Regimiento, quién sabe el conjunto de causas. Lo cierto es que la amenaza de toma de la capital por el sur es ya una realidad inminente, a la vez que existe un claro divorcio entre el gobierno republicano y las fuerzas populares que realmente controlan el poder, vinculadas, sobre todo a las dos grandes sindicales y a las organizaciones de izquierda.



Francisco Largo Caballero conversando con el coronel Asensio Torrado. 1936 (Fuente: Fundación Largo Caballero)

Para acabar con esta situación el 4 de septiembre Azaña nombra a Largo Caballero como Presidente del Consejo sustituyendo a su amigo y correligionario José Giral. Las cosas comienzan al menos a alinearse. El gobierno desde ese momento estará liderado por el mismo poder que controla las calles y los frentes. Largo es el líder indiscutible de la denominada izquierda socialista. Bautizado con el apelativo de “Lenin español”, es seguido de forma ciega por una importante facción de su partido (el PSOE), por su sindicato la UGT y por las juventudes socialistas, en ese momento unificadas ya con las comunistas en las JSU. Aunque no se le sigue de la misma manera, también es respetado por la CNT, la gran sindical anarquista, y el PCE que, gracias a su visión de la guerra, a su férrea unidad interna y a la ayuda soviética que ya comienza a recibirse, se está comenzando a ver como uno de los grandes agentes del lado republicano. Con Largo Caballero entran también en el Consejo de Ministros otras dos grandes figuras del PSOE que jugarán un papel predominante en la futura evolución de los hechos, Indalecio Prieto, líder del ala moderada del partido, como ministro de Marina y Aire y Juan Negrín, otro socialista moderado, como ministro de Hacienda. No es Largo santo de mi devoción, pero no puedo dejar de considerar que en ese momento es el gran reformador de una situación de caos que amenaza con adelantar el desplome del territorio controlado por la República. Sus primeras medidas se dirigen a que sean las fuerzas populares las que formen el gobierno, de esta forma entran en él no solo miembros de su partido sin también del Partido Comunista y, algo más tarde, de la CNT. Se trataba, como antes he dicho, de alinear el poder gubernamental con el poder de hecho que controlaba las calles de las ciudades. Pero no se olvida Largo de que por detrás de esto hay un objetivo fundamental que es el de la reconstrucción del Estado. Así comienza a nombrar a militares profesionales para el mando último de los teatros de operaciones. Con ello comienza a fraguarse lo que en octubre serán los decretos que configurarán el Ejército Popular Regular y el Comisariado. Se trata de integrar y organizar las milicias, que tan ineficaces se habían mostrado para parar la ofensiva franquista. En poco tiempo (primeros de noviembre) será ese nuevo ejército el que logre frenar en Madrid el avance de las columnas franquistas y el que haga cambiar el rumbo de las cosas para convertir lo que iba a ser un golpe de estado rápido en una larga y penosa guerra civil.



El pueblo de Burgos aclama al Generalísimo de las fuerzas nacionales (Fuente: Fundación Generalisimo Francisco Franco)

En el otro lado los acontecimientos no son muy diferentes. Aunque Mola está teniendo algunos éxitos militares (el 5 de septiembre se toma Irún y el 13 San Sebastián), la figura de Franco se ha ido agigantando. Cuando tras la toma de Talavera sus tropas tienen casi abierto el camino a Madrid, toma la arriesgada decisión de cambiar de rumbo y dirigirse a Toledo para liberar a los sitiados del Alcázar. Es muy posible que el general fuera consciente de que para ganar la larga guerra que se avecinaba se necesitaba un mando único fuerte en toda su zona y, para que éste recayera sobre él, necesitaba un golpe de efecto fuerte. Este iba a ser la liberación del Alcázar toledano, donde Moscardó, un insignificante oficial hasta ese momento, se había encerrado con la Guardia Civil de la provincia, algunos milicianos derechistas y las mujeres e hijos de muchos de ellos. Así el 27 de septiembre, las tropas de Varela (Yagüe ha sido apartado del mando por discrepancias sobre estas maniobras) liberan el Alcázar y conquistan la capital Toledana. El mito de Franco comienza a forjarse. Cuatro días después, el 1 de octubre, será nombrado en Salamanca Generalísimo de los ejércitos y Jefe del gobierno del Estado (sus asesores se encargarán de cambiar el nombramiento para que aparezca realmente como Jefe del Estado). Así, esa confusa masa de sublevados, con masones como Cabanellas, republicanos como Mola o Queipo de Llano y una amplia nómina de monárquicos alfonsinos y carlistas, así como las milicias falangistas o del requeté, quedarán unificadas bajo el mando único del general africanista que impondrá el peso de su figura como un hecho derivado de sus éxitos militares.

Las cartas están echadas. Ambos bandos se ha reorganizado y preparado para una larga contienda. Dos Estados, opuestos absolutamente en sus concepciones teóricas, comienzan a formarse, dos ejércitos, en este caso herederos ambos de las escuela militar española, que a su vez bebía de fuentes francesas, comienzan también a andar más allá de las primera escaramuzas. En los meses siguientes, la iniciativa corresponderá al franquista que recogerá numerosos fracasos: Madrid, el Jarama, Guadalajara y algunos éxitos como el de Málaga. El Ejército Nacional aún no está lo suficientemente preparado y organizado y el Ejército Popular se ha mostrado una máquina defensiva de primer orden. Las cosas cambiarán unos meses más tarde cuando la eficacia defensiva se pierda (frente Norte) y la ofensiva (Brunete, Belchite, Teruel, el Ebro) demuestre ser altamente ineficaz para conseguir sus fines.

En cualquier caso, lo que quería resaltar es la importancia de los hechos que suceden en septiembre de 1936 para el futuro de aquella sangrienta contienda, de modo que podemos hablar de un antes y un después de esa fecha en cómo se producen los acontecimientos en nuestra guerra civil.

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Rafael Méndez y la revista Índice

El doctor Rafael Méndez

Recientemente hemos publicado en Luarna la obra Caminos inversos. Vivencias de ciencia y guerra del doctor Rafael Méndez. La obra es un breve pero más que interesante testimonio del que fuera Director General de Carabineros, amén de ocupar otros cargos, durante el gobierno de Juan Negrín con la República en guerra. Para conocer más acerca del personaje lo mejor es leer su Caminos Inversos.

Lo que quisiera destacar aquí de Rafael Méndez es un episodio de su vida que resulta de gran interés para entender el modo de proceder de algunas fuerzas políticas, y del propio régimen franquista, durante los años cincuenta y sesenta. Se trata de su relación con Juan Fernández Figueroa y la revista Índice. Juan Fernández Figueroa (Ruanes, Cáceres, 1919 – Madrid, 25 de febrero de 1996) fue militante de Falange e hizo la guerra en el bando franquista como alférez provisional. Se formó en la Escuela Oficial de Periodismo y fue redactor de El Español y La Estafeta Literaria, así como redactor jefe del tercer programa de Radio Nacional. Llegó a dirigir también, durante unos pocos meses, el diario Pueblo, siendo también Rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. En 1951 adquiere la revista Índice, estando ya ésta en funcionamiento. Fue director durante casi toda su existencia de la misma (1951-1976), una de las pocas publicaciones políticas que llevaba algo de aire fresco al pesado mundo del franquismo del momento. El régimen intentó clausurar la revista en alguna ocasión, secuestrando números como los dedicados a Baroja y Ortega; en su defensa acudieron otros disidentes, no de menor envergadura, como Dionisio Ridruejo. Algunos acusaron a Fernández Figueroa de mantener una posición ambivalente, defendiendo por un lado el pensamiento falangista y por otro el socialista. Recibía subvenciones y parabienes del régimen mientras mantenía una revista que, sin sobrepasar ciertos límites, contribuía a difundir una imagen más abierta del mismo. De su ambivalencia da cuenta el hecho de que tras dejar de publicarse Índice, ya en el periodo democrático Fernández Figueroa realizó un nuevo intento con Nuevo Índice, que fue presentado en sociedad por Serrano Suñer y Raúl Morodo. Este último lo definió como “ácrata-liberal-demócrata”.

La cuestión es que en el segundo quinquenio de los años cincuenta, Rafael Méndez entra en contacto con Fernández Figueroa, comenzando así una larga relación personal e intelectual que llevó a ambos a intentar la aventura de acercar las posturas más avanzadas del régimen con el exilio socialista mexicano. De todo esto da buena cuenta la prolija correspondencia que entre ambos mantuvieron y que se guarda en el archivo personal de Fernández Figueroa depositado en la Diputación Provincial de Cáceres. Es una pena que el estricto cumplimiento de la normativa legal impida consultar aún una buena parte de dicha documentación sin la autorización personal de la familiar de Fernández Figueroa, cosa que no es fácil de lograr.

Pero, tanto por la consulta de las cartas accesibles como por lo que el propio Rafael Méndez indica en su Caminos inversos el asunto es que entre ambos intentaron esa labor de acercamiento entre ciertas personalidades del régimen y la jerarquía del PSOE en el exilio (Prieto – Llopis). En ningún caso eso se logró debido tanto a que el asunto no contaba con el beneplácito de Franco como al hecho de que Prieto siempre permaneció al margen de dichos contactos. Lo que sí sirvió es para que se produjera un acercamiento personal entre Rafael Méndez y Manuel Fraga que en aquel momento comenzaba a ascender posiciones en el gobierno del dictador y que presentaba una cierta aureola de aperturismo. Ambos personajes, completados en su triada con Fernández Figueroa, mantuvieron con los años una fuerte amistad aunque su proyecto de acercamiento entre aquellos dos mundos opuestos no llegara nunca a buen puerto.

Para lo que sí sirvió fue para granjearle a Méndez la desconfianza de sus compañeros socialistas del exilio mexicano. Ni que decir tiene que, por su pertenencia al sector negrinista, ya tenía de sobras granjeada la animadversión de los prietistas, dominantes en aquel momento en el exilio mexicano. Méndez era persona de firmes convicciones y, a pesar del origen falangista de Fernández Figueroa, cuando éste, en un determinado momento, hace Índice una sociedad anónima, Méndez se convierte en accionista de la misma. Este hecho, unido a sus relaciones en España, deterioro sus relaciones en la Agrupación Socialista de México, aunque siempre contó con la amistad y el respeto de los socialistas del interior. En cualquier caso, todo ello le llevó a abandonar la militancia en el PSOE. Afortunadamente, su larga vida, le valió para ser ampliamente homenajeado y reconocido en la España democrática. Prueba de ello es la concesión de la Gran Cruz de Isabel la Católica al Mérito Civil, condecoración que le concedió el Rey Juan Carlos en 1981, o que el hospital de Lorca (Murcia) lleve su nombre.

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