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The Art of Computer Programming, o cómo resistir el paso del tiempo

 La obra constaba originalmente de 3 volúmenes (el primero de ellos publicado en 1968, y el último en 1973), pero, recientemente (2005) se ha publicado un cuarto, donde Knuth y sus colaboradores de la Universidad de Stanfordabordan aspectos novedosos que, o bien no existían en el momento de la creación de los textos originales, o eran demasiado avanzados (o se encontraban en un estado aún embrionario), como para proceder a una formalización. Además, el buen humor de Knuth es proverbial, y para hacer -ya en aquel entonces- de su obra algo dinámico y que fomentara la colaboración e interacción con el lector, no se le ocurrió otra cosa que ofrecer premios a quien encontrara erratas o imprecisiones en el texto. El premio consistía en un “Dolar Hexadecimal” o sea 2,56$, que el descubridor podía hacer efectivos en cualquier banco.

Más recientemente, el CEO de Apple Computers, Steve Jobs, ofreció una conferencia a sus empleados impartida por nuestro personaje. Cuando este llegó, Jobs se levantó de su asiento para recibirlo con un “Es un honor conocerlo Profesor Knuth”, a lo queKnuth respondió “You’re full of shit”, lo que -siendo comedido- podríamos traducir por “No seas gilipollas”, ya que -como afirmó después- asumía que Jobs no había leido su libro ni siquiera por encima.

Otra anécdota relativa a los grandes CEO’s de la industria informática tiene que ver con el propio Bill Gates. En su blog, hace unos años declaró -respecto a la obra que nos ocupa- que había intentado leerla, y no había pasado de la página 40, pero que, aún así, la consideraba una obra de referencia absoluta y se la exigía a todos sus ingenieros. Para concluir: “De hecho, si la has leído, quiero tu currículo”.

Por lo demás, el autor ha sido reconocido con algunos de los más distinguidos premios que se conceden en el mundo de la informática, como el A.W. Turing o el John von Neumann, y a sus 72 años, sigue en la brecha como Profesor Emérito en Stanford, revisando los sucesivos anexos del cuarto volumen de una obra, no sé si inmortal, pero sí “rara avis” en un contexto donde un período de 2 años marca la obsolescencia. Hace unos años ya, la prestigiosa revista “American Scientist”, la incluía en la lista de los “100 libros que más influencia científica han tenido a lo largo de la historia”.

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La “Esteganografía” del abate Tritemo

El abate que nos ocupa vivió en pleno siglo XV, y, a pesar de su pobreza de origen,  realizó muy buenos estudios, primero en Tréveris y luego en Heidelberg. A los 18 años, junto a 3 amigos, constituye la “Sociedad Literaria Renana”, de corte humanista y muy interesada en los pitagóricos y en su teoría de los números, que llegó a contar con miembros de importancia en su época, como Conrado Meissel (hermetista) y el cabalista Pablo Ricci.

 A principios de 1482, Johannes de Dalberg, uno de los 3 fundadores de la sociedad, le anima a visitar a sus familiares en Trittenheim, de donde era originario. En el camino, pernocta en el monasterio de Spanheim con intención de proseguir tan pronto como la nieve y el invierno lo permitan. Se quedará allí 23 años. Sus dotes e inteligencia son tan brillantes, que –un año más tarde- es nombrado Abad del monasterio y confirmado por el obispo, que se reúne con él siempre que puede para extrañas consultas de las que dice salir “renovado e iluminado en el Señor”, que parece hablar por boca de Tritemo. A todo esto, Johannes tiene solo 21 años…

 Sus reformas no pasan por alto. Fomenta el estudio y la experimentación (“en nombre de Aquel, buscamos sus leyes. La naturaleza es la voz de Dios”). Pronto, sus esfuerzos son reconocidos y alentados por sus superiores. Incita a los monjes a la recuperación y copia de manuscritos y obras; la biblioteca pasa de 40 ejemplares a su llegada a más de 2000 algunos años más tarde.

Hay obras bellísimas, con iniciales rubricadas e ilustraciones de gran riqueza. Mientras tanto, sigue sus investigaciones. Durante muchos años solo escribe obras “pías”: Exhortaciones a la Virgen, Elogios de los hermanos de la Orden del Carmen, libros sobre teología, sobre Santa Ana… lo que se esperaba de él. Pero todos sabían de su laboratorio. Y casi nadie tenía acceso a el. Pasaba largas horas –incluso de la noche- embebido en sus trabajos, para comentar simplemente que “estudiaba los misterios que Dios ha puesto a nuestro alcance”.

A finales de siglo, el mundo culto de la época se da por conocedor de la última obra del Abad: la Esteganografía (del griego steganos: oculto) quien la ha mostrado a “las mentes estudiosas y nobles que lo han visitado”. La obra no se publica, y parece que trata de “cómo ocultar lo escrito y otras maravillas para influenciar a distancia”. De hecho, muchos de los autores interesados en la criptografía, como Juan Bautista della Porta (“De furtivis litterarum notis”), Blaise de Vigenère (Tratado de las cifras), y, sobre todo, el genial Girolamo Cardano, en “De la sutileza”, dedican páginas a estos temas y reconocen haberse inspirado en lo escrito por Tritemo.

Pero, quiso el diablo que una de sus cartas, donde explica los avances de sus experimentos, fuera dirigida a un tal Arnould Boustius, de Gante. Cuando llegó, Bostius acababa de morir. Se abrió la carta… y empezaron las sospechas.

En la carta, Tritemo explica el contenido de su obra, que consta de 4 libros. En dos de ellos se habla de criptografía (nada que no se conozca y se haya superado hoy en día), pero, en los otros dos, insiste en que ha descubierto y demostrado a varios que comprenden su ciencia, una forma de “imponer mi voluntad a aquel que sea mi binario (su receptor), o transmitirle cualquier mensaje por lejos que esté y sin que pueda sospecharse que he empleado signos, figuras o caracteres cualesquiera” (obviamente, se refiere a signos diabólicos o relacionados con la Magia). Y concluye: “también encontraréis en ella docenas de secretos de los que no puedo hablar actualmente”.

Pero la carta había sido copiada por varios monjes y comenzó a circular por toda Europa. De nada le sirvieron sus explicaciones e –incluso- sus exhortaciones en contra de los magos, “astrólogos y otros augures que solo quieren malograr el alma divina”. Su fama se había dañado irreparablemente, y el destino de su obra, también. Su segunda obra más celebrada, la “Poligrafía”, se publicó dos años después de su muerte, y es –básicamente- una obra de Criptografía que serviría de inspiración a muchos de sus seguidores.

Más de 100 años después de su fallecimiento aparece una Esteganografía que contiene solo 3 de las 4 partes de que constaba la obra original. Las dos primeras, sobre cifrado (prácticamente lo mismo que puede leerse en la Poligrafía) y la tercera, probablemente apócrifa. Se cuenta que el manuscrito original fue quemado por el conde palatino Federico II, quien habiéndola encontrado en la biblioteca de su padre consideró prudente separarse de ella “por temor de su salvación”. Por lo demás, la obra figuró en el Índice Prohibido del Santo Oficio, de donde no fue retirada hasta 1930. Nunca se sabrá lo que contenía ese cuarto capítulo.

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Saint-Yves D´Alveydre, el autor que destruyó su propia obra

Su nombre: Joseph-Alexandre Saint-Yves, marqués de Alveydre. Es recordado por la trilogía de sus “misiones”, obras de un carácter marcadamente socio-político, donde anticipa hechos como el advenimiento del comunismo chino, la creación de la Unión Europea o la institución del Tribunal Internacional de la Haya. Hablamos de “La Misión de los Soberanos” (que subtitulaba Escrito por uno de ellos), “La Misión de los Obreros”, y “La Misión de los Judíos”, todas ellas de gran erudición –en especial ésta última- donde hace un vasto recorrido por el conocimiento atribuido a los antiguos y confía en que sea el pueblo judío, ya que ha soportado todo tipo de diásporas, el encargado finalmente de conseguir el objetivo político que promulga en la primera de sus misiones: la Sinarquía. ¿Y qué tipo de política es esta?

Habrá que aclarar después qué era para D’Alveydre. Para el Diccionario de Maria Moliner, tiene dos acepciones: “Gobierno simultáneo de varios jefes que administran distintas zonas de un estado” y “Control político o económico que ejercen varias personas o grupos simultáneamente”. Por ahí van los tiros. Saint Yves quiere un gobierno mundial que termine con las injusticias por su carácter global y –al tiempo- no globalizado, respetuoso de lo particular y muy alejado del pensamiento único, tan de moda hoy.

Después de escribir su tercera “misión”, viene gente de todas partes del mundo a visitarlo. Entre ellos, varios brahmanes hindúes. Dos años más tarde, publica la obra clave, que sería su cuarta “misión”: “La Misión de la India en Europa. La Misión de Europa en Asia. La cuestión del mahatma y su solución”. Aquí es donde nuestro autor revela cosas extraordinarias, como la existencia de Agharta, una gigantesca ciudad subterránea, oculta e inaccesible en algún lugar del Tíbet, cuya ubicación exacta se niega a desvelar hasta el establecimiento de la Sinarquía (un mito del que, pálidamente, se ha hecho eco el cine en alguna ocasión). Allí vivirían seres humanos altamente evolucionados que habrían cuidado los conocimientos perdidos en desastres como el de la Biblioteca de Alejandría, continuando una labor de investigación espiritual y científica desde hace milenios.

El propio Saint-Yves, consciente de lo increíble del contenido expuesto, afirma en el epílogo de su libro “qué hombre ha traído jamás a la Humanidad un puñado de verdades sin ser recompensado por muchas más persecuciones que las sufridas por La Misión de los Judíos y que continuarán con mucha más fuerza contra La Misión de la India. Por ello, lejos de quejarme les digo por adelantado a mis amigos: Ánimo y a mis enemigos: Gracias “. Al día siguiente de su publicación, La Misión de la India fue retirada de circulación por orden expresa del propio autor y sus ejemplares, destruidos. Se dice que por presiones recibidas desde la India.

Pero se salvó un ejemplar, que apareció en la biblioteca de la condesa Keller, y fue reeditado a la muerte del autor, en 1909. ¿Fin de la persecución? No hay tal. A pesar de que Mao no había tomado el poder, Agartha no había aparecido por ninguna parte, y nadie podía comprender el libro, los nazis, exhaustivos, volvieron a buscar los ejemplares existentes, y nuevamente los destruyeron. Pero nuevamente se salvó algún ejemplar, y hoy la obra está reeditada incluso en castellano por Luis Cárcamo, quien también ha buscado –y encontrado- otros libros malditos de los que hablaremos en próximas entradas.

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