Estamos perdiendo el Norte. Y no lo digo yo, no. Lo dice el Tribunal Supremo con una sentencia dilapidaria que ha dejado huérfanos los cuartos de baños femeninos y las salas de fumadores pasivos de las empresas. ¡Qué será de los corrillos, de los fraternales lazos, de las exaltaciones de amistad y de la inquebrantable simbiosis que nos une cuándo en un grito mudo llamamos al jefe/a “hijoputa”!
Pues ahora que no es un insulto ni, por supuestísimo, una causa de despido…, ahora resulta que ya no tiene gracia.
Quizás todo atienda a razones de productividad; si puedes espetar al jefe en sus morros una lindeza tal sin levantar el culo de la silla, se acabaron las horas de “desbardalle” como dirían en mi tierra.
Cada uno sentadito en su puesto mentando a la madre del patrón a voz en grito, mientras no dejan de teclear balances de cuentas y el hijo de mil padres oteando a lo lejos sin despeinarse las canas…eso es productividad.
Pero ojo, no se nos ocurra mear fuera del tiesto que en estas lindes no hay lugar para la improvisación, no se nos vaya a hinchar la vena y en un momento de calentón le espetemos al respetable un “papanatas”, un “zampabollos” o un “pailán (como también dicen en mi pueblo), aunque se lo haya ganado a pulso…porque entonces te cuelgan un atentado a la autoridad que no te salva ni el Espíritu Santo. Así que me atrevo a dar un consejo, si por algún motivo no pueden contener un “ganapán” corriendo al baño que las paredes oyen pero no cuentan.
Hoy la poesía está de luto.
Desde ayer las notas, huérfanas en un pentagrama inacabado, entonan tristes una canción de duelo.
Antonio Vega nos ha dejado.
Antonio el genio, el tímido, el único. Capáz de conseguir que cientos de personas coreen “La chica de ayer”, “Se dejaba llevar” o “El sitio de mi recreo”, entre otras muchas, en una sala atestada de gente y que el público sienta tal sensación de intimidad como si te la estuviera susurrándo al oído.
De crear una simbiosis sólo através de la música, sin artificios.
Antonio el único morador de su universo paralelo lleno de notas y versos, dónde no
había lugar para fanfanatics ni grupies.
Antonio el grande, inconmensurable y coherente.
Antonio el único.
Buen viaje, amigo
Llevo toda la mañana con la sensación de haber olvidado algo de vital importancia. Ningún anillo cambiado de dedo, ninguna clave, del tipo CCP (Comprar comida perros) o LLM (llamar a mamá) garabateada con pilot en la mano. Ninguna pista. <
Me acerco, con pocas esperanzas, a la nevera llena de post its y dibujos de mi hija.
Quizás con el estómago lleno piense mejor. Entonces recuerdo que estoy a régimen, así que lo de llenar el estómago no estará en mi lista de prioridades por una temporada. Afuera no llueve, jarrea.
Mi vecina, la que me mira como si yo oliese mal cada vez que se cruza con mis perros, me obliga a escuchar a Amaia Montero a todo volumen.
Me preparo un té rojo, y huyo de la cocina tan pronto una palmera de chocolate comienza a hacerme ojitos. Sus silbidos me persiguen hasta el salón.
Enciendo el ordenador, sin conexión repite una y otra vez….Después de reiniciar, desfragmentar, restaurar y volver a reiniciar unas cinco veces, me doy por vencida.
Rebusco en el reproductor de Windows, que afortunadamente funciona sin conexión, algo que me suba el ánimo:
“Then I was walking in Menphis
I was walking with my feet 10 feet of a Beale…”
Canta Mark Cohn, y yo me olvido de la maniaco-depresiva de mi vecina, del té rojo que se enfría en una taza de Micky Mouse y de la palmera que de tanto gritar ha llamado la atención de Bimba y Golfo, mis perros.
Es Lunes, en la calle diluvia, mi pc no funciona,… ahora lo se…he olvidado que hoy no debería haberme levantado.
Sin ser ninguna experta en el tema, perdonen mi osadía, estoy plenamente convencida de qué cada libro es una lección de vida. En cada uno de los libros que han caído en mis manos hay una frase que justifica todo el texto. En cada uno de ello, y no me refiero a alta literatura sino a pequeños tratados sin ambición, como creo es el mío, hay un misterio, esa concatenación de palabras que lo engloba todo, y cuando apenado, en muchos casos, aliviado, en otros muchos, cierras la última página; siempre están esas pocas palabras que se quedan grabadas en tu mente.
Quiero recordar una que le repito a mi hija constantemente: “Apunta a la Luna, sino le das, al menos estarás entre las Estrellas”.
Para los que, como canta Rosendo, nacimos sin ambición puede resultar una frase demasiado utópica, quizás idealista. Pero creedme si os digo que los sueños se cumplen, quizás a través del esfuerzo, del azar o de algún designio divino que a mi, personalmente, se me escapa. Pero se cumplen. Yo estoy viviendo mi sueño.
Yo estoy viviendo mi sueño menos realista, uno que nunca pensé vivir: Ver mi libro publicado, haber recibido un premio por algo que escribí pensando en que acumularía polvo en el fondo de algún baúl. Y poder estar entre los más grandes en la Feria del Libro de Madrid.
Así que aunque no soy amiga de dar consejos, hay va uno: “Apuntad a la Luna….”